Cubadebate

El próximo 14 de marzo, aniversario 120 de la fundación por José Martí del periódico Patria, será presentado simultáneamente en La Habana, Caracas y otras capitales del mundo el libro Nuestro deber es luchar.
Se trata de la transcripción, revisada y ampliada en español y en inglés, del diálogo del Comandante en Jefe Fidel Castro con un grupo de intelectuales de África, Europa y América, el pasado 10 de febrero, en ocasión de la Feria Internacional del Libro de La Habana.
El volumen constituye una contundente reflexión sobre los peligros que amenazan al planeta y a la propia especie humana. El texto podrá descargarse en las primeras horas del 14 de marzo desde Cubadebate.
La presentación tendrá lugar en Caracas, Quito, Buenos Aires, Luanda, Santo Domingo, La Paz, Ciudad de México, Bridgetown, San Juan, Kingston, La Habana, Washington, Madrid y Berlín, a las 14:00 horas en Cuba (19:00 GMT).
La presentación del libro en La Habana será transmitida en vivo por internet a través del canal de Cubadebate en Justin.TV.
Fidel Castro con los Intelectuales

NUESTRO DEBER ES LUCHAR

La Habana, 10 de febrero de 2012

PRÓLOGO

MÁS DE NUEVE HORAS DE DIÁLOGO CON EL INFINITO

Ya se habían ido los momentos más cálidos del fresco mediodía del viernes 10 de febrero de 2012, cuando se llenó  la sala 2 del Palacio de las Convenciones de La Habana. Del lado del auditorio, 69 visitantes de 21 países y 48 de Cuba. La mayoría, escritores invitados a la XXI Feria del Libro e intelectuales de diversas disciplinas académicas y científicas, convocados todos por la Red En Defensa de la Humanidad  a un Encuentro “por la paz y la preservación del medio ambiente.”

Sobre la 1 y 20 de la tarde, el intranquilo e informal diálogo de la espera fue sustituido por el aplauso de bienvenida al  líder histórico de la Revolución Cubana.  Fidel Castro entró con una ligereza sorprendente y tras un gesto afable de saludo colectivo se sentó entre Abel Prieto, Ministro de Cultura y Zuleica Romay, Presidenta del Instituto Cubano del Libro (ICL) yPremio Casa de las Américas, quien  presentó a las personalidades más prominentes entre los invitados y comentó las generalidades del conjunto. Entonces preguntó al anfitrión qué le parecía el auditorio.

“Infinito”, respondió Fidel sonriendo y seguramente imaginando cuánto podría extenderse aquella conversación  con la sólida representación de la intelectualidad de izquierda que desde el año 2003 y por iniciativa del  propio líder de la Revolución cubana se nucleó en la Red.

Más de nueve horas se extendió el intercambio, iniciado con una introducción reflexiva de la Presidenta del ICL  en torno al motivo del encuentro: retomar el alerta que hace 20 años lanzara Fidel en la Cumbre de la Tierra sobre el riesgo de extinción que amenaza a la especie humana, más grave hoy que hace dos décadas.

Con la presencia del Premio Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel y el mexicano Sergio Pitol, Premio Cervantes 2005, los debates gravitaron sobre éste y otros temas urgentes. A veces el tono era de notable preocupación frente a la posibilidad de la extinción de la especie humana, el agotamiento de los recursos naturales, la perversión de las transnacionales mediáticas y la aparición de artefactos de guerra y hasta de control de la mente, que nadie imaginó antes ni en las peores fantasías.

En otras ocasiones, el humor y la esperanza se enseñoreaban en el ambiente y todos los sueños de la raza humana parecían, más que posibles, cercanos.

Los asistentes se encontraron con un Fidel íntimo, que los recibió  con el afecto que solo se dispensa a entrañables compañeros en el viaje de la vida. A ellos  trasmitió sus angustias por el destino humano, pero solo después de escucharlos a todos con  la mayor atención. Fuentes vivas donde saciar  su inagotable sed de conocimientos;  espíritus críticos con los que confirmar sus preocupaciones más profundas, mientras cada uno de ellos  exponía sus ideas, se podía seguir el rumbo de los pensamientos del líder cubano por la expresión de su mirada, por ese gesto tan usual en él de extender el dedo índice para enmarcar su cara o acariciar distraídamente la barba. Más de uno intentó renunciar al uso de la palabra para escucharlo y no abusar de su resistencia física. Él movía la mano en el aire  desestimando la propuesta e insistía: “Yo vine a oírlos a ustedes…”

Nueve horas de conversación, interrumpidas por dos breves recesos. Se dice rápido, pero quien en medio siglo haya seguido al líder de la Revolución cubana sabe que esos 540 minutos suponen la intensidad de varias bibliotecas y una carga emocional que durará días y ya no olvidarán los que la vivieron. “Qué memoria inagotable y privilegiada”, se le oiría decir  a la poeta y Premio Nacional de Literatura, Fina García Marruz. “Es el Fidel de siempre”, comentaría  admirado Ignacio  Ramonet, autor de un voluminoso libro de entrevistas con el Comandante.

Fue precisamente el escritor y periodista español quien abrió el diálogo, con una síntesis de sus palabras al recibir esa misma mañana el Doctor Honoris Causa de la Universidad de La Habana. Centrado en las prácticas del sistema mediático global, donde la información funciona como una rara mercancía que se oferta gratuitamente y cada vez más banalizada, porque el fin último no es informar sino vender personas a los anunciantes, la tesis de Ramonet puso a girar el debate en torno a todo lo que pueden y deben hacer los intelectuales para evitar una catástrofe planetaria, cuando los esfuerzos por mover las conciencias chocan continuamente, como apuntó Abel Prieto, “contra la manipulación o el silencio”.

Pero, la escritora y periodista argentina Stella Calloni, daría una puntada en otro sentido, más introspectivo y autocrítico, al demandar  una urgente reactivación de la red, porque, se lamentó angustiada, “es aterrador el silencio con el que la Humanidad está asistiendo a sucesivas guerras”.

Casi siete horas más tarde, sus palabras tendrían eco en las del intelectual brasileño Frei Betto, quien reclamaba una autocrítica para valorar “nuestra inserción social” y generar proyectos, no solo indignación, porque ésta no basta para resolver la injusticia global.

Entonces tomó la palabra Fidel, levantando un paquete de reportes de prensa entre las manos. Son noticias solo de los tres últimos días, advirtió y propuso leer y comentar algunas para confirmar la gravedad de la alarma que los había reunido. A la  conversación le quedaba más de una hora por delante.

“Lo menos que podemos hacer es lograr que la población esté informada”, dijo  y propuso armar este libro con todas las ideas y propuestas vertidas en el encuentro, revisadas y ampliadas por sus autores. “Hay que luchar, es lo que hemos hecho siempre ”, afirmó como otras veces,  para finalizar con una convicción de rebeldía permanente: “no nos podemos dejar vencer por el pesimismo.”

La Habana, 10 de febrero de 2011.

Encuentro del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, con intelectuales e invitados a la XXI Feria Internacional del Libro Cuba 2012, efectuado en el Palacio de Convenciones, el 10 de febrero de 2012, “Año 54 de la Revolución”.

Cmdte.-  Siéntense. Estoy preparado.

Abel Prieto.-  La idea que tenemos, Comandante, como conversamos, es que la compañera Zuleica haga una presentación de nuestros invitados y haga una introducción de los temas esenciales de este encuentro.

Zuleica Romay.-  Buenas tardes estimados amigas y amigos.

Estos amigos, Comandante, han hecho un gran esfuerzo para estar con nosotros hoy aquí y compartir este momento con Usted.  Muchos venían a la Feria, a otros los embullamos para que estuvieran y finalmente han llegado todos los que tenían esa posibilidad.

Tenemos acá 69 amigos de 21 países y 48 científicos, académicos escritores e intelectuales cubanos.

Nos acompañan en esta ocasión, los siguientes compañeros:

–      Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz y su nieto Andrés, y Sergio Pitol, Premio Cervantes 2005.

–      Intelectuales cuya obra ha contribuido de forma significativa al fomento de los mejores valores humanos, el análisis del sistema de dominación imperialista y la denuncia de los males que este causa al mundo de hoy:  Santiago, Stella, Frabetti, Francois Houtart, Frei Betto, Ramonet, Atilio, Carmen Bohórquez, Peter Phillps y Mayda Acosta están en el plenario.

–      Importantes escritores e intelectuales caribeños, representantes de las culturas invitadas a nuestra feria:  Norman Girvan, Chiqui Vicioso, Kendel Hyppolite, Alejandro Carpio, Daniel Ferreira, Lenito Robinson, Bárbara Chase, Carlos Roberto Gómez, Cynthia Abrahams, Lasana Sekou, Pedro Antonio Valdés, Johan Roozer y Kari Polanyi Levitt, estudiosa del Caribe.

–      Escritores e intelectuales muy queridos que durante años nos han acompañado con su amistad y solidaridad: Bonasso, Colombres, Jorgelina, Juano, Bauer, Marilia, Rodolfo Mendoza, Roberto Culebro, Mary Alice y Jonathan Silberman.

–      Erika Silva, José Rafael Lantigua, Lisa Hanna, Godwin Rose, Eleston Adams y Rosa María Cruz e Silva, ministros de Cultura de San Vicente y las Granadinas, Ecuador, República Dominicana, Jamaica, Guyana, Antigua y Barbuda, y Angola, respectivamente; Farruco Sesto, ministro de Estado para la Reconstrucción Urbana de Caracas, de Venezuela; Ivette Galot, presidenta de la Comisión de Cultura de Martinica, y Neri Francisco Romero, ministro de Cultura de la provincia del Chaco, en Argentina.

–      Los integrantes del equipo de Rosa María, la ministra de Angola, están también acá, ellos son: Beatriz, Francisco Van Dunem, Francisco Costa, Aguinaldo, Pedro, Ana Clara, Jorge, Cardoso y Enmanuel.

–      De Alemania han llegado Heinz, Harri, Frank, Brigitte, Katja, Andreas y Marion, quienes han tenido siempre hacia nosotros una gran amistad, que ha salvado miles de obstáculos.

–      Y están también, por supuesto, en número de 48, científicos cubanos especializados en temas económicos, energéticos y medioambientales; escritores e intelectuales cubanos, encabezados por nuestros premios nacionales de Literatura, de Historia y de Ciencias Sociales.

¿Qué le parece este auditorio?

Cmdte.-  Me parece infinito (Risas).

Zuleica Romay.-  Voy a leer mis palabras.

Comandante, hemos trabajado con estos y otros muchos amigos en la Red en Defensa de la Humanidad, tanto en la movilización contra la guerra, por la liberación de nuestros cinco compatriotas, por el apoyo a los procesos de transformación que tienen lugar en nuestra región, como en la denuncia de las causas del  deterioro del medio ambiente y de los irracionales  hábitos de vida y de consumo que lo condicionan.

Estamos trabajando para revitalizar esta Red, que se creó por iniciativa suya en el año 2003.  Vamos a tener mañana un taller, en la Casa del Alba, con Adolfo, Stella, Ignacio, Carmen, Francois, Santiago, Frabetti, Chiqui, Marilia y otros amigos que han sido protagonistas de este empeño, para presentar una nueva página web surgida a propósito del encuentro suyo, similar a este el año anterior, con el título “Una especie en peligro”.  La página está todavía en proceso de construcción, pero contiene ya mucha información, muy buenas imágenes, artículos de opinión, entre los que se destacan sus reflexiones sobre el tema; documentos de reuniones internacionales, videos, en fin, Comandante, mucha información valiosa sobre estas cuestiones, que puede ser de gran utilidad para la causa de la defensa de nuestro ecosistema y de la imprescindible transformación de los modelos de consumo que el hombre ha adquirido.

Solo durante este año, las editoriales cubanas han producido 16 títulos sobre estos temas, novedades editoriales concebidas para públicos de todas las edades que serán presentadas en la Feria u ofrecerán sustento a intercambios y paneles.

En el encuentro del año pasado identificamos el problema principal a cuya solución han de contribuir el pensamiento social y las fuerzas más progresistas de la humanidad:  la sobrevivencia de la especie humana —una especie en peligro, como alertó usted hace casi 20 años en la Cumbre de Río—, batalla que resultaría estéril sin la preservación de las culturas, valores y conocimientos creados por el hombre en toda su historia.

No nos referimos, por supuesto, a las habilidades y saberes puestos en función de la dominación, el genocidio y la domesticación de las personas, sino al saber humanístico y a la ciencia socialmente comprometida, esa que toma al hombre como principio y fin de todos sus esfuerzos; a la ética y la solidaridad como pilares de las relaciones humanas; a la defensa de la identidad cultural de comunidades y pueblos; y a la relación armoniosa del hombre con la naturaleza.

Los modelos de desarrollo de la sociedad capitalista han entrado en crisis, y las consecuencias para la especie pueden ser catastróficas. Al propio tiempo, la maquinaria mediática hace lo posible para que esa crisis sistémica del capitalismo sea invisible para las mayorías.  En primer lugar, asolan al mundo una crisis tanto económica como financiera, otra vez desatadas por el egoísmo y la arbitrariedad de las fuerzas del mercado.  A ellas se une la crisis ecológica, resultado de la acelerada deforestación de las áreas boscosas del planeta, de la emisión indiscriminada de gases tóxicos y la contaminación de los recursos acuáticos, entre otras calamidades.

La crisis energética ha sido provocada por el modo de vida de los  países más ricos, los cuales, anticipó usted el 7 de marzo de 2010, y cito: “[…] derrocharán en apenas 100 años el resto del combustible gaseoso, líquido y sólido, que la naturaleza tardó 400 millones de años en crear”.

Más adelante, el 19 de enero de 2011, usted alertó una vez más sobre la crisis alimentaria, cuyas víctimas alcanzan ya la increíble cifra de 1 000 millones de personas, y cito:  “Las producciones de trigo, soya, maíz, arroz y otros numerosos cereales y leguminosas que constituyen la base alimentaria del mundo […]  están siendo afectadas seriamente por los cambios climáticos, creando un gravísimo problema en el mundo”.

Los males en la economía tienen siempre un impacto social, pero el alcance y profundidad de sus consecuencias negativas dependen de la naturaleza de las relaciones que articulen a la sociedad.  La historia de Estados Unidos permite establecer conexiones directas entre la depresión acaecida a finales del siglo XIX y el auge de los linchamientos y ejecuciones extrajudiciales, a expensas de indígenas, negros y otros desclasados.  El tristemente célebre Ku Klux Klan se fundó en Estados Unidos en medio del resentimiento de los antiguos propietarios de esclavos durante la llamada Reconstrucción, y la debacle económica iniciada en 1929 provocó el recrudecimiento del racismo en ese país.  También resulta fácil constatar en la literatura referida al auge del nacionalsocialismo alemán, cómo el mesianismo racista que catapultó a Adolfo Hitler al poder se alimentó del recelo y la frustración social, exacerbados por la depresión económica de los años 30.

Las crisis económicas, con su negativa repercusión en la producción y el consumo, precarizan la vida de los grupos sociales más vulnerables; endurecen la competición entre los miembros de la sociedad por el acceso a los recursos, servicios y políticas sociales; y sacan a flote actitudes y sentimientos egoístas, puestos en función de preservar o incrementar el bienestar hasta entonces disfrutado.  En el ámbito internacional, la fragilidad de las economías de no pocos estados facilita a los poderosos la apropiación de los recursos naturales de esos países, la esclavización de las capas populares, la cancelación de las conquistas sociales logradas por los pueblos, y la imposición de los intereses de los más fuertes en organizaciones e instituciones internacionales donde el principio “un país, un voto”, sigue siendo una utopía.

El demagógico discurso de las grandes potencias de nuestra época no logra ocultar la ideología fascista que reemerge, otorgando al Consejo de Seguridad de la ONU el doble papel de fiscal y juez, que legitima bombardeos, invasiones y conquistas territoriales de nuevo cuño.

La opresiva combinación de los poderes económico, ideológico y militar de los imperios, auxiliados por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la OTAN, entre otras instituciones emblemáticas del imperialismo, pretende controlar a la mayoría laboriosa y pacífica, el 80% de la humanidad que  tiene poco y cada día pierde más.  Las consecuencias están a la vista:  parte de aquellos que el dominio imperial aún reconoce como estados, son cada vez menos soberanos.  Se trata de países con patrimonios menguados por la rapacidad de las trasnacionales, cuyos gobiernos ven crecer, con inocultable impotencia, el número de analfabetos, hambrientos, desempleados y sin techo, en fin, de gente sin esperanza.

Paralelamente, los medios de difusión, cartelizados y al servicio de una poco visible aunque omnipresente minoría, continúan su faena de instauración de valores, códigos y símbolos pretendidamente universales.  Hace poco más de un siglo, cuando surgieron en Estados Unidos las primeras agencias de publicidad, el sueño del capitalismo era estandarizar el consumo aunque fuese a costa de distribuir productos cada vez más fútiles y caros.  Lograda la sacralización de la marca comercial y convertida esta en una especie de evangelio de la modernidad, la tarea del momento es homogeneizar las percepciones de la realidad, las aspiraciones y metas personales, las opiniones políticas y los criterios estéticos, en fin, el sentido de la vida.

Como en las previsibles tramas policiales donde el asesino acecha dentro de la casa para masacrar a sus moradores, el mundo duerme, todavía confiado, mientras guarda debajo de su cama armas más que suficientes para causar su propia destrucción.  Las 25 000 ojivas nucleares que amenazan nuestro sueño, permanecen celosamente custodiadas en instalaciones militares de solo ocho países.  Basta un enfrentamiento entre dos de esas potencias para que se haga realidad la pesadilla del Invierno Nuclear.

Se avizoran en el Medio Oriente nuevas guerras de conquista y saqueo.

En África subsahariana —a la que los grandes medios suelen recordar para referirse a enfrentamientos armados de presunto origen étnico—, poblaciones enteras están siendo exterminadas por enfermedades curables y la esperanza de vida al nacer no rebasa los 48 años de edad.  Del combate contra la maquinaria genocida de Israel regresan a sus casas diariamente los palestinos que los sionistas no han logrado exterminar.

También luchan por ganar 24 horas más de vida los niños de la calle; los afroamericanos e inmigrantes latinos que purgan en el corredor de la muerte desventajas sociales de origen; los homless; las madres y abuelas que persisten en la búsqueda de sus familiares desaparecidos; los enfermos que añoran el trasplante que no pueden pagar, y muchos más, ciudadanos de países presuntamente cultos y civilizados, que resisten el cerco impuesto a sus conciencias por un amplio surtido de productos culturales que incentivan la enajenación y la violencia.

La guerra nos amenaza a todos porque este mundo cada vez más injusto e inseguro está siendo asediado  por la única especie pensante que lo habita.  Tal como usted ha argumentado, Comandante, y cito: “La mayor contradicción en nuestra época es la capacidad de la especie para autodestruirse y su incapacidad para gobernarse.”

La Tierra es la casa de todos los hombres, mujeres y niños que la pueblan.  No tenemos derecho a legar a nuestros hijos paisajes sin árboles que anuncian la lenta asfixia del planeta; terrenos baldíos donde la búsqueda de agua forma parte de la lucha por la subsistencia y mueren cada día 5 000 personas por beber de fuentes contaminadas; zonas pesqueras agotadas por  ritmos de extracción que superan con creces los de la reproducción natural de las especies; veranos crecientemente calurosos que alternan con inviernos cada vez más crudos; y tierras bajas sepultadas por mares cuyo nivel no deja de elevarse.

No tenemos derecho a condenar a la desesperanza a los 2000 millones de seres humanos que nacerán durante los próximos 40 años, bajo un cielo empañado por millones de toneladas de gases contaminantes y un sol que parezca menos luminoso cada día.

Muchas gracias (Aplausos).

Cmdte.-  ¿Tú no vas a decir nada?

Abel Prieto.-  Excelente texto, Comandante.

Cmdte.-  A mí me parece extraordinario el resumen que ha hecho la compañera.

Abel Prieto.-  Y da continuidad a aquella conversación que usted tuvo hace un año.

Cmdte.-  Además, brevemente lo ha enumerado todo, no se le quedó nada.

¿Qué vamos a hacer para distribuir esto?

Abel Prieto.-  Yo lo publicaría íntegramente.

Publicarlo íntegramente, Comandante, quizás en nuestra prensa pudiera aparecer.  ¿Qué usted cree?  Y también colocarlo en la web.

Cmdte.-  ¿Hay algún libro o algún medio similar donde pueda incluirse…?

Abel Prieto.-  A través de Internet puede tener una distribución.

Cmdte.-  ¿El método que tú explicaste el otro día?.

Abel Prieto.-  Bueno, ese es más bien para la venta online de libros.

Cmdte.- ¿No se puede asociar con algún libro?

Abel Prieto.-  Habría que pensar, no sé.

Comandante, cuando usted me llamó hoy antes de salir para acá…  El Comandante me preguntó qué había hecho por la mañana, que es una pregunta que a mí me sorprende siempre (Risas); pero,  por suerte, le podía decir algo que tenía sentido para él, y es que había estado en un acto muy hermoso en el Aula Magna, donde le entregaron a Ignacio Ramonet el doctorado Honoris Causa en Comunicación Social. (Aplausos).

Cmdte.-  Él quiere que tú repitas algo de lo que dijiste esta mañana, estaba muy impresionado.

Abel Prieto.-  Yo le decía al Comandante que todo esto que ha dicho Zuleica, ¿con qué choca?, con lo que chocan todos los compañeros que están acá diariamente, con el silencio de los grandes medios.

Cmdte.-  Creo que es un pensamiento unánime, yo estaba pensando en eso.  Todo es claro, evidente, e innegable.

Vamos a escuchar a Ramonet.

Ignacio Ramonet.- Primero, Comandante, quiero decirle mi gran alegría, y yo creo que expreso un poco el sentimiento de muchos de los que están aquí si no todos, de verlo a usted tan bien, tan recuperado, con una salud excelente (Aplausos).

Cmdte.-  Debe ser la influencia de ustedes (Risas).

Ignacio Ramonet.-  Exacto, y seguro también que Abel le hizo un resumen mucho mejor de lo que yo voy a decir ahora.

Cmdte.-  No ha tenido tiempo, eso me lo contará después.

Ignacio Ramonet.-  Él tiene gran imaginación (Se ríe).

Cmdte.-  ¿Pero está escrito todo?

Abel Prieto.-  No, él lo improvisó.

Ignacio Ramonet.-  Tengo unas notas acá.

Cmdte.-  Pero, ¿aquí hay alguna obra?.

Ignacio Ramonet.-  Hay un librito, efectivamente, que se va a publicar, sí, ahí está.

Abel Prieto.-  Está publicado, ese sale en la Feria.

Ignacio Ramonet.-  Sí, yo se lo mandé ya, Comandante; igual no se lo entregaron, se perdió en el camino.

Abel Prieto.-  No, debe tenerlo.

Cmdte.-  No lo he leído todavía.  ¿Cuándo llegó este?

Abel Prieto.-  Este me lo trajo Zuleica ahora por la mañana.

Cmdte.-  ¡Ah!, bueno.

Abel Prieto.-  Se presenta el domingo.

Cmdte.-  ¿Y cuándo se publicó?

Zuleica Romay.-  Lo terminamos ayer.

Cmdte.-  ¿Este?

Zuleica Romay.-  Éste, la edición cubana.  Ramonet nos mandó su libro.

Ignacio Ramonet.-  Sí, yo lo mandé ya cuando salió.

Cmdte.-  Yo me siento culpable por no haberlo leído.

Zuleica Romay.-  Hicimos una edición cubana, que es esa.

Cmdte.-  ¡Qué bien!

Ignacio Ramonet.-  Yo dije esta mañana en el Aula Magna dos o tres ideas acerca de cómo funciona el sistema mediático. Lo que planteaban aquí ahora mismo el Comandante y Abel, es esta idea de que cuando tenemos una realidad tan fuerte con todos los datos que ha dado Zuleica tan interesantes, ¿por qué finalmente esos datos o ese análisis no se publican?.

Creo que es interesante tener una idea de cómo funciona el sistema mediático —de una manera muy esquemática, no quiero hacer una conferencia aquí. Dos o tres notas simplemente.

Primero, hay que partir del principio de que hoy día, en el sistema mediático, la información funciona como una mercancía. La información es una mercancía, es algo que sabemos, pero, ¿qué significa que es una mercancía?, porque es una mercancía algo particular, en la medida en que es una mercancía gratuita.  La mayoría de nosotros cuando consumimos información por la radio o por la televisión, pues no pagamos por ella; y, por otra parte también, ahora existen muchos periódicos gratuitos y tampoco se paga por esa información en la prensa escrita, y en Internet la mayoría de los sitios de información son igualmente gratuitos.

Entonces, digamos, ¿cómo es que el sistema, que tan preocupado siempre está de beneficios, hace que en la circulación de la información, la información sea gratuita?  Es gratuita, por la razón siguiente: porque nosotros pensamos que el comercio de la información consiste en vender información a la gente, y evidentemente así no salen las cuentas; porque si lo vendo gratuito, es decir, si regalo la información no gano nada. En realidad, el mecanismo del comercio de la información no consiste en vender información a la gente, consiste en vender gente a los anunciantes.

Nosotros cuando consumimos la información somos vendidos a los anunciantes.  ¿Y qué significa eso?  ¿Qué significado tiene desde el punto de vista ontológico, desde el fondo del contenido?  Significa lo siguiente, la empresa que nos va a vender a los anunciantes tiene interés en que la gente que va a consumir esa información sea la más numerosa posible

Encuentro del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, con intelectuales e invitados a la XXI Feria Internacional del Libro Cuba 2012, efectuado en el Palacio de Convenciones, el 10 de febrero de 2012, “Año 54 de la Revolución”.

Cmdte.-  Siéntense. Estoy preparado.

Abel Prieto.-  La idea que tenemos, Comandante, como conversamos, es que la compañera Zuleica haga una presentación de nuestros invitados y haga una introducción de los temas esenciales de este encuentro.

Zuleica Romay.-  Buenas tardes estimados amigas y amigos.

Estos amigos, Comandante, han hecho un gran esfuerzo para estar con nosotros hoy aquí y compartir este momento con Usted.  Muchos venían a la Feria, a otros los embullamos para que estuvieran y finalmente han llegado todos los que tenían esa posibilidad.

Tenemos acá 69 amigos de 21 países y 48 científicos, académicos escritores e intelectuales cubanos.

Nos acompañan en esta ocasión, los siguientes compañeros:

–      Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz y su nieto Andrés, y Sergio Pitol, Premio Cervantes 2005.

–      Intelectuales cuya obra ha contribuido de forma significativa al fomento de los mejores valores humanos, el análisis del sistema de dominación imperialista y la denuncia de los males que este causa al mundo de hoy:  Santiago, Stella, Frabetti, Francois Houtart, Frei Betto, Ramonet, Atilio, Carmen Bohórquez, Peter Phillps y Mayda Acosta están en el plenario.

–      Importantes escritores e intelectuales caribeños, representantes de las culturas invitadas a nuestra feria:  Norman Girvan, Chiqui Vicioso, Kendel Hyppolite, Alejandro Carpio, Daniel Ferreira, Lenito Robinson, Bárbara Chase, Carlos Roberto Gómez, Cynthia Abrahams, Lasana Sekou, Pedro Antonio Valdés, Johan Roozer y Kari Polanyi Levitt, estudiosa del Caribe.

–      Escritores e intelectuales muy queridos que durante años nos han acompañado con su amistad y solidaridad: Bonasso, Colombres, Jorgelina, Juano, Bauer, Marilia, Rodolfo Mendoza, Roberto Culebro, Mary Alice y Jonathan Silberman.

–      Erika Silva, José Rafael Lantigua, Lisa Hanna, Godwin Rose, Eleston Adams y Rosa María Cruz e Silva, ministros de Cultura de San Vicente y las Granadinas, Ecuador, República Dominicana, Jamaica, Guyana, Antigua y Barbuda, y Angola, respectivamente; Farruco Sesto, ministro de Estado para la Reconstrucción Urbana de Caracas, de Venezuela; Ivette Galot, presidenta de la Comisión de Cultura de Martinica, y Neri Francisco Romero, ministro de Cultura de la provincia del Chaco, en Argentina.

–      Los integrantes del equipo de Rosa María, la ministra de Angola, están también acá, ellos son: Beatriz, Francisco Van Dunem, Francisco Costa, Aguinaldo, Pedro, Ana Clara, Jorge, Cardoso y Enmanuel.

–      De Alemania han llegado Heinz, Harri, Frank, Brigitte, Katja, Andreas y Marion, quienes han tenido siempre hacia nosotros una gran amistad, que ha salvado miles de obstáculos.

–      Y están también, por supuesto, en número de 48, científicos cubanos especializados en temas económicos, energéticos y medioambientales; escritores e intelectuales cubanos, encabezados por nuestros premios nacionales de Literatura, de Historia y de Ciencias Sociales.

¿Qué le parece este auditorio?

Cmdte.-  Me parece infinito (Risas).

Zuleica Romay.-  Voy a leer mis palabras.

Comandante, hemos trabajado con estos y otros muchos amigos en la Red en Defensa de la Humanidad, tanto en la movilización contra la guerra, por la liberación de nuestros cinco compatriotas, por el apoyo a los procesos de transformación que tienen lugar en nuestra región, como en la denuncia de las causas del  deterioro del medio ambiente y de los irracionales  hábitos de vida y de consumo que lo condicionan.

Estamos trabajando para revitalizar esta Red, que se creó por iniciativa suya en el año 2003.  Vamos a tener mañana un taller, en la Casa del Alba, con Adolfo, Stella, Ignacio, Carmen, Francois, Santiago, Frabetti, Chiqui, Marilia y otros amigos que han sido protagonistas de este empeño, para presentar una nueva página web surgida a propósito del encuentro suyo, similar a este el año anterior, con el título “Una especie en peligro”.  La página está todavía en proceso de construcción, pero contiene ya mucha información, muy buenas imágenes, artículos de opinión, entre los que se destacan sus reflexiones sobre el tema; documentos de reuniones internacionales, videos, en fin, Comandante, mucha información valiosa sobre estas cuestiones, que puede ser de gran utilidad para la causa de la defensa de nuestro ecosistema y de la imprescindible transformación de los modelos de consumo que el hombre ha adquirido.

Solo durante este año, las editoriales cubanas han producido 16 títulos sobre estos temas, novedades editoriales concebidas para públicos de todas las edades que serán presentadas en la Feria u ofrecerán sustento a intercambios y paneles.

En el encuentro del año pasado identificamos el problema principal a cuya solución han de contribuir el pensamiento social y las fuerzas más progresistas de la humanidad:  la sobrevivencia de la especie humana —una especie en peligro, como alertó usted hace casi 20 años en la Cumbre de Río—, batalla que resultaría estéril sin la preservación de las culturas, valores y conocimientos creados por el hombre en toda su historia.

No nos referimos, por supuesto, a las habilidades y saberes puestos en función de la dominación, el genocidio y la domesticación de las personas, sino al saber humanístico y a la ciencia socialmente comprometida, esa que toma al hombre como principio y fin de todos sus esfuerzos; a la ética y la solidaridad como pilares de las relaciones humanas; a la defensa de la identidad cultural de comunidades y pueblos; y a la relación armoniosa del hombre con la naturaleza.

Los modelos de desarrollo de la sociedad capitalista han entrado en crisis, y las consecuencias para la especie pueden ser catastróficas. Al propio tiempo, la maquinaria mediática hace lo posible para que esa crisis sistémica del capitalismo sea invisible para las mayorías.  En primer lugar, asolan al mundo una crisis tanto económica como financiera, otra vez desatadas por el egoísmo y la arbitrariedad de las fuerzas del mercado.  A ellas se une la crisis ecológica, resultado de la acelerada deforestación de las áreas boscosas del planeta, de la emisión indiscriminada de gases tóxicos y la contaminación de los recursos acuáticos, entre otras calamidades.

La crisis energética ha sido provocada por el modo de vida de los  países más ricos, los cuales, anticipó usted el 7 de marzo de 2010, y cito: “[…] derrocharán en apenas 100 años el resto del combustible gaseoso, líquido y sólido, que la naturaleza tardó 400 millones de años en crear”.

Más adelante, el 19 de enero de 2011, usted alertó una vez más sobre la crisis alimentaria, cuyas víctimas alcanzan ya la increíble cifra de 1 000 millones de personas, y cito:  “Las producciones de trigo, soya, maíz, arroz y otros numerosos cereales y leguminosas que constituyen la base alimentaria del mundo […]  están siendo afectadas seriamente por los cambios climáticos, creando un gravísimo problema en el mundo”.

Los males en la economía tienen siempre un impacto social, pero el alcance y profundidad de sus consecuencias negativas dependen de la naturaleza de las relaciones que articulen a la sociedad.  La historia de Estados Unidos permite establecer conexiones directas entre la depresión acaecida a finales del siglo XIX y el auge de los linchamientos y ejecuciones extrajudiciales, a expensas de indígenas, negros y otros desclasados.  El tristemente célebre Ku Klux Klan se fundó en Estados Unidos en medio del resentimiento de los antiguos propietarios de esclavos durante la llamada Reconstrucción, y la debacle económica iniciada en 1929 provocó el recrudecimiento del racismo en ese país.  También resulta fácil constatar en la literatura referida al auge del nacionalsocialismo alemán, cómo el mesianismo racista que catapultó a Adolfo Hitler al poder se alimentó del recelo y la frustración social, exacerbados por la depresión económica de los años 30.

Las crisis económicas, con su negativa repercusión en la producción y el consumo, precarizan la vida de los grupos sociales más vulnerables; endurecen la competición entre los miembros de la sociedad por el acceso a los recursos, servicios y políticas sociales; y sacan a flote actitudes y sentimientos egoístas, puestos en función de preservar o incrementar el bienestar hasta entonces disfrutado.  En el ámbito internacional, la fragilidad de las economías de no pocos estados facilita a los poderosos la apropiación de los recursos naturales de esos países, la esclavización de las capas populares, la cancelación de las conquistas sociales logradas por los pueblos, y la imposición de los intereses de los más fuertes en organizaciones e instituciones internacionales donde el principio “un país, un voto”, sigue siendo una utopía.

El demagógico discurso de las grandes potencias de nuestra época no logra ocultar la ideología fascista que reemerge, otorgando al Consejo de Seguridad de la ONU el doble papel de fiscal y juez, que legitima bombardeos, invasiones y conquistas territoriales de nuevo cuño.

La opresiva combinación de los poderes económico, ideológico y militar de los imperios, auxiliados por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la OTAN, entre otras instituciones emblemáticas del imperialismo, pretende controlar a la mayoría laboriosa y pacífica, el 80% de la humanidad que  tiene poco y cada día pierde más.  Las consecuencias están a la vista:  parte de aquellos que el dominio imperial aún reconoce como estados, son cada vez menos soberanos.  Se trata de países con patrimonios menguados por la rapacidad de las trasnacionales, cuyos gobiernos ven crecer, con inocultable impotencia, el número de analfabetos, hambrientos, desempleados y sin techo, en fin, de gente sin esperanza.

Paralelamente, los medios de difusión, cartelizados y al servicio de una poco visible aunque omnipresente minoría, continúan su faena de instauración de valores, códigos y símbolos pretendidamente universales.  Hace poco más de un siglo, cuando surgieron en Estados Unidos las primeras agencias de publicidad, el sueño del capitalismo era estandarizar el consumo aunque fuese a costa de distribuir productos cada vez más fútiles y caros.  Lograda la sacralización de la marca comercial y convertida esta en una especie de evangelio de la modernidad, la tarea del momento es homogeneizar las percepciones de la realidad, las aspiraciones y metas personales, las opiniones políticas y los criterios estéticos, en fin, el sentido de la vida.

Como en las previsibles tramas policiales donde el asesino acecha dentro de la casa para masacrar a sus moradores, el mundo duerme, todavía confiado, mientras guarda debajo de su cama armas más que suficientes para causar su propia destrucción.  Las 25 000 ojivas nucleares que amenazan nuestro sueño, permanecen celosamente custodiadas en instalaciones militares de solo ocho países.  Basta un enfrentamiento entre dos de esas potencias para que se haga realidad la pesadilla del Invierno Nuclear.

Se avizoran en el Medio Oriente nuevas guerras de conquista y saqueo.

En África subsahariana —a la que los grandes medios suelen recordar para referirse a enfrentamientos armados de presunto origen étnico—, poblaciones enteras están siendo exterminadas por enfermedades curables y la esperanza de vida al nacer no rebasa los 48 años de edad.  Del combate contra la maquinaria genocida de Israel regresan a sus casas diariamente los palestinos que los sionistas no han logrado exterminar.

También luchan por ganar 24 horas más de vida los niños de la calle; los afroamericanos e inmigrantes latinos que purgan en el corredor de la muerte desventajas sociales de origen; los homless; las madres y abuelas que persisten en la búsqueda de sus familiares desaparecidos; los enfermos que añoran el trasplante que no pueden pagar, y muchos más, ciudadanos de países presuntamente cultos y civilizados, que resisten el cerco impuesto a sus conciencias por un amplio surtido de productos culturales que incentivan la enajenación y la violencia.

La guerra nos amenaza a todos porque este mundo cada vez más injusto e inseguro está siendo asediado  por la única especie pensante que lo habita.  Tal como usted ha argumentado, Comandante, y cito: “La mayor contradicción en nuestra época es la capacidad de la especie para autodestruirse y su incapacidad para gobernarse.”

La Tierra es la casa de todos los hombres, mujeres y niños que la pueblan.  No tenemos derecho a legar a nuestros hijos paisajes sin árboles que anuncian la lenta asfixia del planeta; terrenos baldíos donde la búsqueda de agua forma parte de la lucha por la subsistencia y mueren cada día 5 000 personas por beber de fuentes contaminadas; zonas pesqueras agotadas por  ritmos de extracción que superan con creces los de la reproducción natural de las especies; veranos crecientemente calurosos que alternan con inviernos cada vez más crudos; y tierras bajas sepultadas por mares cuyo nivel no deja de elevarse.

No tenemos derecho a condenar a la desesperanza a los 2000 millones de seres humanos que nacerán durante los próximos 40 años, bajo un cielo empañado por millones de toneladas de gases contaminantes y un sol que parezca menos luminoso cada día.

Muchas gracias (Aplausos).

Cmdte.-  ¿Tú no vas a decir nada?

Abel Prieto.-  Excelente texto, Comandante.

Cmdte.-  A mí me parece extraordinario el resumen que ha hecho la compañera.

Abel Prieto.-  Y da continuidad a aquella conversación que usted tuvo hace un año.

Cmdte.-  Además, brevemente lo ha enumerado todo, no se le quedó nada.

¿Qué vamos a hacer para distribuir esto?

Abel Prieto.-  Yo lo publicaría íntegramente.

Publicarlo íntegramente, Comandante, quizás en nuestra prensa pudiera aparecer.  ¿Qué usted cree?  Y también colocarlo en la web.

Cmdte.-  ¿Hay algún libro o algún medio similar donde pueda incluirse…?

Abel Prieto.-  A través de Internet puede tener una distribución.

Cmdte.-  ¿El método que tú explicaste el otro día?.

Abel Prieto.-  Bueno, ese es más bien para la venta online de libros.

Cmdte.- ¿No se puede asociar con algún libro?

Abel Prieto.-  Habría que pensar, no sé.

Comandante, cuando usted me llamó hoy antes de salir para acá…  El Comandante me preguntó qué había hecho por la mañana, que es una pregunta que a mí me sorprende siempre (Risas); pero,  por suerte, le podía decir algo que tenía sentido para él, y es que había estado en un acto muy hermoso en el Aula Magna, donde le entregaron a Ignacio Ramonet el doctorado Honoris Causa en Comunicación Social. (Aplausos).

Cmdte.-  Él quiere que tú repitas algo de lo que dijiste esta mañana, estaba muy impresionado.

Abel Prieto.-  Yo le decía al Comandante que todo esto que ha dicho Zuleica, ¿con qué choca?, con lo que chocan todos los compañeros que están acá diariamente, con el silencio de los grandes medios.

Cmdte.-  Creo que es un pensamiento unánime, yo estaba pensando en eso.  Todo es claro, evidente, e innegable.

Vamos a escuchar a Ramonet.

Ignacio Ramonet.- Primero, Comandante, quiero decirle mi gran alegría, y yo creo que expreso un poco el sentimiento de muchos de los que están aquí si no todos, de verlo a usted tan bien, tan recuperado, con una salud excelente (Aplausos).

Cmdte.-  Debe ser la influencia de ustedes (Risas).

Ignacio Ramonet.-  Exacto, y seguro también que Abel le hizo un resumen mucho mejor de lo que yo voy a decir ahora.

Cmdte.-  No ha tenido tiempo, eso me lo contará después.

Ignacio Ramonet.-  Él tiene gran imaginación (Se ríe).

Cmdte.-  ¿Pero está escrito todo?

Abel Prieto.-  No, él lo improvisó.

Ignacio Ramonet.-  Tengo unas notas acá.

Cmdte.-  Pero, ¿aquí hay alguna obra?.

Ignacio Ramonet.-  Hay un librito, efectivamente, que se va a publicar, sí, ahí está.

Abel Prieto.-  Está publicado, ese sale en la Feria.

Ignacio Ramonet.-  Sí, yo se lo mandé ya, Comandante; igual no se lo entregaron, se perdió en el camino.

Abel Prieto.-  No, debe tenerlo.

Cmdte.-  No lo he leído todavía.  ¿Cuándo llegó este?

Abel Prieto.-  Este me lo trajo Zuleica ahora por la mañana.

Cmdte.-  ¡Ah!, bueno.

Abel Prieto.-  Se presenta el domingo.

Cmdte.-  ¿Y cuándo se publicó?

Zuleica Romay.-  Lo terminamos ayer.

Cmdte.-  ¿Este?

Zuleica Romay.-  Éste, la edición cubana.  Ramonet nos mandó su libro.

Ignacio Ramonet.-  Sí, yo lo mandé ya cuando salió.

Cmdte.-  Yo me siento culpable por no haberlo leído.

Zuleica Romay.-  Hicimos una edición cubana, que es esa.

Cmdte.-  ¡Qué bien!

Ignacio Ramonet.-  Yo dije esta mañana en el Aula Magna dos o tres ideas acerca de cómo funciona el sistema mediático. Lo que planteaban aquí ahora mismo el Comandante y Abel, es esta idea de que cuando tenemos una realidad tan fuerte con todos los datos que ha dado Zuleica tan interesantes, ¿por qué finalmente esos datos o ese análisis no se publican?.

Creo que es interesante tener una idea de cómo funciona el sistema mediático —de una manera muy esquemática, no quiero hacer una conferencia aquí. Dos o tres notas simplemente.

Primero, hay que partir del principio de que hoy día, en el sistema mediático, la información funciona como una mercancía. La información es una mercancía, es algo que sabemos, pero, ¿qué significa que es una mercancía?, porque es una mercancía algo particular, en la medida en que es una mercancía gratuita.  La mayoría de nosotros cuando consumimos información por la radio o por la televisión, pues no pagamos por ella; y, por otra parte también, ahora existen muchos periódicos gratuitos y tampoco se paga por esa información en la prensa escrita, y en Internet la mayoría de los sitios de información son igualmente gratuitos.

Entonces, digamos, ¿cómo es que el sistema, que tan preocupado siempre está de beneficios, hace que en la circulación de la información, la información sea gratuita?  Es gratuita, por la razón siguiente: porque nosotros pensamos que el comercio de la información consiste en vender información a la gente, y evidentemente así no salen las cuentas; porque si lo vendo gratuito, es decir, si regalo la información no gano nada. En realidad, el mecanismo del comercio de la información no consiste en vender información a la gente, consiste en vender gente a los anunciantes.

Nosotros cuando consumimos la información somos vendidos a los anunciantes.  ¿Y qué significa eso?  ¿Qué significado tiene desde el punto de vista ontológico, desde el fondo del contenido?  Significa lo siguiente, la empresa que nos va a vender a los anunciantes tiene interés en que la gente que va a consumir esa información sea la más numerosa posible

varios textos míos, en particular en el Foro Social Mundial—, que se cree un Quinto poder, que es la posibilidad que nos da Internet hoy día, o las redes sociales, a cada uno de nosotros de construir nuestra propia información, participar en la propia elaboración de la información como nunca hemos tenido la ocasión de hacerlo, aunque no creemos en la democratización general de la información, pero hoy disponemos de herramientas que nos permiten intervenir, que nos permiten modificar, que nos permiten en todo caso dar una opinión ya no solo pasiva, interna, sino participando a nivel general, y nos permite, precisamente, erigirnos como ciudadanos, como Quinto poder capaz de hacer contrapeso a ese superpoder que se ha constituido recientemente.

Esto es lo que dije, Comandante (Aplausos).

Abel Prieto.- A mí me interesaba, Comandante, cuando conversábamos hoy, este tema, porque todos los empeños de la Red de redes —hemos hablado muchas veces de eso, Stella Calloni lo sabe— chocan o con el silencio o con la manipulación; chocan permanentemente contra el silencio y contra la manipulación, todos estos medios tienen trazada una agenda rígida.

Hoy decía Ignacio Ramonet:  “Critican a los políticos, pero nadie critica al gran poder financiero, nadie critica a los verdaderos dueños del planeta.”  Es la verdad.

Cmdte.-  Para criticarlos hay que conocerlos.

Abel Prieto.-  Exactamente.

¿Algún compañero, amigo, quisiera decir algo?

Francois Houtart.-  Gracias.

Ante lo que ha dicho Ignacio Ramonet, me parece muy importante desarrollar también un pensamiento de conjunto frente a los diferentes aspectos de la crisis, sobre la cual nuestra amiga Zuleica habló: la necesidad de reconstruir justamente un paradigma nuevo que sea un pensamiento de conjunto, para poder construir este quinto poder.  Y por eso me parece que uno de los trabajos que tendríamos que hacer es pensar cuáles conceptos podemos usar para reconstruir un pensamiento de conjunto, que lleve, al mismo tiempo, los varios aspectos de las luchas que tenemos hoy para la relación con la naturaleza, para otro tipo de economía, para una democracia generalizada y para una interculturalidad.  Y un concepto que podría justamente servir también de base a la unión de todas las luchas, dando un sentido fundamental a cada uno dentro de un conjunto.

Es un asunto sobre el cual estoy tratando de trabajar, la idea del bien común de la humanidad, que también se expresa en los pueblos indígenas de América Latina como el buen vivir.  Tendríamos que trabajar sobre eso para justamente dar una coherencia a todos los pensamientos y también una coherencia al conjunto de las luchas, porque para trasmitir justamente un objetivo, debemos ser también más y más claros y construir un pensamiento que permita reunir todos los aspectos de las luchas actuales (Aplausos).

Stella Calloni.-  ¿Cómo está, Comandante?  Teníamos muchas ganas de verlo.

Quería decir que tenemos ante nosotros otro tema: así como dice  Ignacio Ramonet que la información es una mercancía, la información es hoy también un arma de guerra. Es el primer disparo para preparar el terreno de la guerra; la información conforma los elementos de la Guerra Psicológica; que se enmarca dentro del trazado de la Guerra de Baja Intensidad o lo que hoy sea contrainsurgencia, lo que tampoco estamos estudiando; especialmente en su aplicación en estos tiempos.  Y creo que utilizar la información como un arma de guerra es gravísimo. Es muy grave que permitamos que se utilice así la información, porque en ese caso la palabra mata. Es un arma de muerte.

Nosotros sabemos que la desinformación está detrás de todas las guerras, como hemos visto recientemente en el caso de Libia o en el caso de Iraq. Lo hemos visto a lo largo de toda nuestra historia. Lo que sucede hoy es una reproducción de lo mismo con otras tecnologías.

Entonces, ¿cómo hacemos nosotros para pelear contra eso?  Porque Internet no basta. El problema es ese. Nosotros podemos acceder a la información, pero la mayoría de los pueblos son cautivos de los medios de comunicación masiva. A nivel popular hay un sector de las poblaciones que tiene Internet, pero las mayorías no tienen ningún acceso. Siempre estamos enfrentando ese problema.

Voy a poner un ejemplo.  La mayoría casi absoluta de los medios masivos no transmitieron la guerra de Libia, como lo que fue: una guerra colonial, una guerra imperial, porque estamos ante esa situación. Pero del otro lado hubo escasos medios que enfrentaron ese discurso único y manipulador del poder hegemónico, que habló de la invasión humanitaria para salvar al pueblo libio, cuando lo que se produjo es un genocidio contra ese pueblo.

Hubo demasiado silencio sobre estos hechos por parte de quienes tenían que hablar y dar ejemplo al mundo ante esa injusticia. Yo hablo de un silencio aterrador de la humanidad cuando se están produciendo genocidios tras genocidios; ya van tres en el siglo XXI. Hubo genocidio en Afganistán, en Iraq y hubo genocidio en Libia.  Hoy continúa ese genocidio en Libia.  Estamos recibiendo detalles de los horrores que continúan sucediendo en Libia, denuncias de organismos humanitarios y de Médicos sin Fronteras sobre crímenes y torturas. Han acabado los mercenarios de la OTAN con poblaciones negras enteras, como es el caso de la aldea de Tawerga.

Todo eso ha pasado y resulta que hay quienes acusan a Khadafi por la invasión. Estamos como en aquel caso en que una mujer violada que busca justicia y a la que algunos jueces preguntan si estaba vestida con una falda corta (es decir provocativamente); como si ella fuera culpable de su propia violación. Es una comparación dura, pero es muy precisa. Entonces se están justificando estas guerras. Y eso si no puede ser.

No es posible confundirse. Nosotros tenemos aún más responsabilidad porque Latinoamérica lo ha vivido todo, invasiones, golpes militares, de mercado, desestabilizaciones. Tenemos que ser muy cuidadosos de que nuestras palabras no ayuden a los proyectos coloniales, expansivos y criminales que nos amenazan.

Estamos ante grandes responsabilidades y demandas que debemos asumir muy fuerte y decididamente. Se habló de un quinto poder de la información, y en nuestras manos ese quinto poder se debe hacer sentir, actuar como un poder contrahegemónico, accionar constantemente.

Si analizamos que la información es un arma de guerra, tenemos que estudiarlo rigurosamente. Cómo se opera, cómo se prepara una guerra de ocupación, de apropiación de los recursos, utilizando los medios de comunicación para intentar una justificación que en realidad no existe. Una guerra “humanitaria” contra un pueblo en evidente inferioridad de condiciones frente a alianzas de las grandes potencias, es una guerra colonial. Esa manipulación de los medios hegemónicos sobre los verdaderos objetivos está destinada a influenciar sobre la conciencia de los pueblos y en la opinión pública general para paralizarlos. La opinión pública asume e incorpora la única palabra que recibe, porque no hay otra.

Por las redes sociales se difunde otra cara de la verdad, en algunas de ellas, hay otras que no están exentas de confusión. Es un escape, pero hay otro agravante, y es que si uno analiza este período histórico, nunca ha sido tan fuerte y amplia la posibilidad de influir sobre la población mundial, no solo por la información, sino por los entretenimientos.  Y este último es un tema muy importante que no se aborda normalmente y es uno de los que más afectan a la población, que más degradan la cultura. Los entretenimientos, algunos de ellos dedicados a los niños, son de extrema violencia. Han capturado a una masa importante de población haciéndola indiferente, desinteresada.

La desinformación en Europa, es un ejemplo del que no hablamos. También lo estuvimos conversando con Ramonet y otros. Yo estuve en Alemania y otros países europeos al comienzo de 2011, y advertí que prácticamente no estaban informados de los hechos que suceden en el mundo. Hay un discurso mediático único. No saben nada en realidad en la mayoría de la población. Estaban  tan ausentes de lo que en realidad estaban haciendo sus propios gobiernos – salvo una franja de sectores más lúcidos de la sociedad-, que ni siquiera sabían realmente cuál era la verdad sobre las guerras en las que estaban participando. Estaban ausentes de la verdad sobre la participación en las graves violaciones de derechos humanos como el tema de las cárceles secretas, los crímenes cometidos en los países invadidos y ocupados, o la posibilidad de que se derrumbara el Estado de Bienestar y la Unión Europea; y ni siquiera advertían que Europa estaba implosionando.

Creo que este es uno de los momentos más graves en esa espiral de la desinformación. Lo estamos viendo en nuestros países. Y todos estos elementos en conjunto son los que han llevado al   silencio aterrador de una humanidad que no reacciona.  El temor paraliza. La Humanidad no reacciona. Porque antes reaccionaban algunos.  Pero, ¿qué pasó esta vez?

Usted el año pasado nos puso ante una idea clave, ante un reclamo. De alguna manera nos dijo que la Humanidad estaba caminando hacia el abismo. Nos dio cifras, datos escalofriantes y también expresó el desencanto ante los políticos que se habían desentendido de los problemas ambientales que nos amenazan. Nos hablo de las consecuencias de las guerras y nos pidió que trabajáramos esta temática, que abriéramos camino y que ayudáramos a la concientización de la Humanidad. Y vino una guerra y estuvimos ausentes de la solidaridad con esos pueblos aplastados, invadidos. ¿Y quién los gobierna ahora? Mercenarios, criminales. Los dejamos solos en manos de criminales. Si no podemos detener la guerra, eso va a venir sobre nosotros.

Recientemente el presidente Evo Morales presentó una propuesta para tratar el tema de los mercenarios en las guerras  de estos tiempos, en la desestabilización de gobiernos. Se hizo una votación en Naciones Unidas. América Latina y otros países-salvo excepciones menores-votaron contra esa presencia. Estados Unidos Europa e Israel, votaron a favor, porque son sus soldados de fortuna, sus ejércitos privados, los criminales que utiliza la OTAN. Contratistas les dicen eufemísticamente.

EL BIEN COMUN DE LA HUMANIDAD, PARADIGMA DEL SOCIALISMO

Y CONCEPTO UNIFICADOR DE LAS LUCHAS SOCIALES

François Houtart

El panorama general de la situación del planeta y de la humanidad a largo plazo, es inquietante. No se trata solamente de una crisis financiera, que puede encontrar soluciones a medio plazo, dentro de la lógica del capitalismo. Así, una combinación entre medidas neo-liberales y un endurecimiento de la lucha de clases, de parte de los dominantes, permitiría  hacer pagar la crisis a las clases subalternas y medias. Entonces, el capitalismo podría salir triunfante, mostrando su facultad de superar las crisis a mediano plazo,  burlándose de las protestas de los trabajadores y de los indignados.   Por otra parte, es probable que si las recomendaciones de la Comisión Stiglitz [1] sobre la crisis financiera y monetaria mundial hubiesen sido aceptadas, la agravación de la situación de 2011 no habría tenido lugar.

Sin embargo, varios análisis de la evolución de la economía mundial, apuntan a una erosión progresiva del modelo de desarrollo capitalista. Afirman que el capitalismo ha terminado su papel histórico de desarrollo de las fuerzas productivas, construyendo contradicciones tales que lo llevan a una “muerte anunciada” (Samir Amin, Jorge Berstein, Immanuel Wallerstein, y otros).

La reflexión exige tener en cuenta el conjunto de la realidad, con una perspectiva holística, contraria a la visión del capitalismo que se concentra sobre la acumulación. Según Karl Polanyi, el capitalismo desenclavó la economía de la sociedad, para después imponer su propia lógica del valor, es decir la mercancía como perspectiva universal. Solamente la reintegración de la economía en la sociedad podrá resolver las contradicciones. Eso requiere una visión de conjunto, tanto por razones de coherencia teórica que para la convergencia de las luchas.

Hoy en día, un factor que interviene de manera central, es la relación con la naturaleza, que fue el tema privilegiado durante el secundo encuentro de intelectuales con el Presidente Fidel Castro a la ocasión de la Feria del Libro de 2012. La consciencia que la tierra no es un recurso inagotable, especialmente en materia de energía, el conocimiento más preciso de los daños irreversibles a los eco-sistemas debidos a la actividad industrial, al tipo de agricultura, al consumo irracional, constituyen factores nuevos que cuestionan el modelo de desarrollo humano prevalente a lo largo de los últimos 500 años. Es también lo que expreso Bolivar Echeverria, hablando de “Las ilusiones de la modernidad” [2]

–          Regulaciones versus alternativas

Frente a esta situación, aparece más y más claro que las regulaciones no bastan.  Es la lógica del sistema la que está en cuestión. Sin duda un discurso apocalíptico no sirve para la acción. Es el rigor del análisis que puede orientar el futuro y crear un sentido de la urgencia de soluciones radicales. Los múltiples aspectos de la crisis se combinan y todos finalmente tienen su origen en lógica del capitalismo.

Muchas regulaciones fueron propuestas en instancias internacionales, como las Naciones Unidas, pero el sistema no tiene la capacidad para aceptarlas. Menos todavía puede aceptar alternativas. La Comisión Stiglitz propuso una reforma de los organismos financieros internacionales (Banco Mundial, FMI) y de la OMC y la constitución de un Grupo de Expertos permanente para prevenir las crisis (única medida aceptada por la Conferencia de las Naciones Unidas). Ella recomendó también la creación de un Consejo de Coordinación Económica Global a la par del Consejo de Seguridad (pero con un funcionamiento democrático);  la organización de un sistema global de reserva, para ir  contra la hegemonía del dólar como moneda de referencia; la institución de una fiscalización internacional; la abolición de los paraísos fiscales y del secreto bancario, y finalmente una reforma de las agencias de certificación.

Al contrario, la OMC y la Unión Europea como muchos países siguiendo la lógica capitalista, siguieron promoviendo medidas pro-cíclicas (disminución de las políticas sociales, por ejemplo) acentuando el desastre económico. Eso es el resultado de un “capitalismo de generalización de monopolios”, como escribe Samir Amin[3], que impone sus soluciones políticas. En el Sur, se aceleran las actividades extractivas y  los monocultivos, con un acaparamiento de tierras, acompañado por la criminalización de las protestas. Se nota en todo el continente latino-americano (aún en países progresistas)[4] pero también en África y en Asia.

Frente a la crisis climática, las Naciones Unidas organizaron varias conferencias: Río de Janeiro, Kyoto, Copenhague, Cancún, Durban, sin hablar de las conferencias específicas sobre los océanos, la biodiversidad, etc.  Medidas precisas fueron propuestas para reducir la emisión de gases invernaderos y disminuir la destrucción ambiental.  Las naciones industrializadas frenaron las decisiones o rechazaron todo tipo de compromiso internacional (los Estados Unidos de América en particular). Sin embargo, en este sector también, las regulaciones aceptables tienen sus límites: deben ser “market friendly”.

La crisis alimentaria, como lo indica muy bien Jean Ziegler[5], es el fruto de la lógica del sistema económico. En un mundo que nunca ha producido tanta riqueza, no se encuentra la necesaria voluntad política para la aplicación de medidas eficaces. Al contrario, los Estados Unidos, por ejemplo, con menos sobre-producto agrícola, están disminuyendo su ayuda al Programa de las Naciones Unidas para la Alimentación (PAM).  La integración de la agricultura en la lógica del capitalismo monopolístico  exige una concentración creciente de las tierras, el desarrollo del monocultivo, la desaparición de la agricultura familiar y acentúa a largo plazo el problema alimentario.

La crisis social debida al crecimiento de las desigualdades pide como soluciones reformas estructurales -agrarias, financieras, políticas- que van más allá de la posibilidad de aceptación de las burguesías. El sistema que ellas dominan es tan dogmático que tolera solamente regulaciones ligeras y provisionales: programas de lucha contra la pobreza para reducir la presión social, medidas ecológicas cuando la destrucción ambiental afecta la tasa de ganancia (capitalismo verde). Las clases dominantes están convencidas que con regulaciones ligeras, el crecimiento retomara vigor; evidentemente un crecimiento en forma de copa de champagne, como lo indica el gráfico de la distribución de la riqueza en el mundo, realizado por el PNUD y que pone en evidencia su concentración creciente en las categorías más altas.

–          Un nuevo paradigma de la vida colectiva de la humanidad en el planeta

Pero, entre tanto, hay un precio a pagar. Este podría ser tan alto que sea socialmente y ecológicamente insoportable. Es por eso que, en una perspectiva histórica a largo plazo, se plantea la necesitad de alternativas. En otras palabras, se debe definir un nuevo paradigma de desarrollo humano. La situación actual afecta los fundamentos de la vida en el planeta y en particular de la vida humana, que son (1) la responsabilidad del género humano frente a la supervivencia de la tierra, (2) la manera de producir las bases materiales de la vida, (3) la organización colectiva social y política y (4) la lectura de la realidad y su ética de la construcción social (la cultura). Redefinir un nuevo paradigma pasa por la revisión de estos cuatro elementos al fin de crear las condiciones del Bien Común de la Humanidad, es decir la producción y la reproducción de la vida.

1. Redefinir las relaciones con la naturaleza: de la explotación al respeto como fuente de vida

La civilización moderna con su control importante de la naturaleza, su alto grado de urbanización, ha hecho olvidar a los seres humanos que, en última instancia,  ellos dependen totalmente de la naturaleza para vivir. Los cambios climáticos les recuerdan, a veces con gran brutalidad, esta realidad. Entonces, se trata de definir la relación, no como la explotación  de la tierra, en tanto que fuente de recursos naturales capaces de ser reducidos al estatuto de mercancía, sino como la fuente de toda vida, en una actitud de respeto de su capacidad de regeneración física y biológica. Eso evidentemente significa un cambio filosófico radical. Se trata de criticar el carácter puramente utilitario de la relación, que en el capitalismo llega a considerar los daños ecológicos como colaterales (eventualmente a reducir en la medida de lo posible), pero inevitables, o aún peor, como “externalidades”, porque no entran en los cálculos del mercado y consiguientemente en la acumulación  del capital. De todas maneras, el principio a defender es la posibilidad para el planeta de ser sustentable, es decir conservar la integridad de su biodiversidad y poder renovarse frente a las actividades humanas.

En los pueblos indígenas del continente americano, el concepto de la Madre Tierra (Pacha Mama) es central. Hoy en día se reutilizan varios de los conceptos tradicionales (Sumak kawsai) como instrumentos de memoria histórica, de reconstrucción cultural y de afirmación de identidad. Pero también estas nociones pueden ser útiles a la crítica de la lógica del capitalismo. En este sentido ellas pueden adquirir un sentido que trascende la cosmovisión tradicional y tiene un valor universal.

Hemos hecho alusión previamente al aporte de Carlos Marx. Para él, el capitalismo provocó una separación artificial y mecánica entre la naturaleza y el ser humano. La ruptura de equilibrio en el metabolismo, es decir el intercambio material entre la tierra y la satisfacción las necesidades de los seres humanos, tal como ha sido definido por el proceso de acumulación del capital, desembocó sobre esquemas irracionales, despilfarros y destrucciones (el 60 % de la producción humana pasa por los océanos). Por eso se debe reducir los flujos energético-naturales, de manera socialmente justa, para incrementar la calidad de la vida. Según Marx, solamente el socialismo podrá restablecer el equilibrio del metabolismo y poner fin a la devastación de la naturaleza. De verdad los regímenes socialistas no fueron  particularmente sensibles a ese aspecto del pensamiento marxista.

La afirmación de una nueva concepción de las relaciones con la naturaleza, conlleva muchas consecuencias prácticas. Una primera aplicación consiste en no aceptar la propiedad privada de lo que se llama “los recursos naturales”, es decir los minerales, las energías fósiles, las selvas. Se trata de un patrimonio común de la humanidad que no puede ser apropiado por individuos y corporaciones, siguiendo la lógica de la economía de mercado capitalista, es decir en función de intereses privados ignorando las externalidades y orientados por la maximización de la ganancia. Dentro de esta misma perspectiva la exigencia de introducir los costos ecológicos de toda actividad humana  en los cálculos económicos permitiría reducir estos últimos y contrariar la racionalidad instrumental excluyendo las externalidades, que fue unas de las bases del carácter destructivo del capitalismo.

Otro aspecto es el rechazo de la mercantilización de los elementos necesarios a la reproducción de la vida, come el agua y las semillas. Son bienes comunes que deben salir de la lógica de la mercancía y entrar en una perspectiva de gestión común según varias modalidades, que no implican necesariamente la estatización, sino el control colectivo. De manera todavía más concreta, este principio implicaría poner fin a los monocultivos que preparan las regiones inhabitables del futuro. Una tasa sobre los kilómetros recorridos por los productos industriales o agrícolas permitiría reducir tanto el uso de energía como la contaminación de los mares.

Las reservas de biodiversidad tendrían de ser extendidas a más territorios. La promoción de la agricultura orgánica haría parte de este proyecto, como el mejoramiento de la agricultura campesina, más eficaz a largo plazo que la agricultura productivista capitalista. La promoción de convenciones internacionales es otro sector de gran importancia. Se puede citar a titulo de de ejemplos, los acuerdos sobre el clima (Kyoto, Bali, Cancún, Durban) a pesar de sus fracasos relativos, sobre la biodiversidad (Bonn y Nagoya), sobre la protección de las aguas (ríos y mares), sobre la pesca, sobre los desechos (en particular nucleares) y varias otras. El grado de sensibilidad a esta dimensión tendría ser a la base de la eficacia internacional de los estados progresistas y podría figurar a la agenda de su política exterior.

2. Reorientar la producción de la base de la vida, privilegiando el valor de uso sobre el valor de cambio

La trasformación de paradigma en su relación con la economía consiste en privilegiar el valor de uso en vez del valor de cambio, como lo hace el capitalismo. Se habla de valor de uso cuando un bien o un servicio adquiere una utilidad para satisfacer las necesidades de la vida de uno o de una colectividad. Ellos adquieren un valor de cambio cuando son el objeto de una transacción. La característica de una economía mercantil es privilegiar el valor de cambio. Para el capitalismo, la forma más desarrollada de la producción mercantil, este último es el único “valor”. Un bien o un servicio que no se convierte en mercancía, no tiene valor, porque no contribuye a la acumulación del capital, fin y motor de la economía (M. Godelier, 1982). En esta perspectiva, el valor de uso es secundario y, como lo escribe István Mészarós, “él puede adquirir el derecho a la existencia si se amolda a los imperativos del valor de cambio”[6]. Aún se pueden producir bienes sin ninguna utilidad a condición de que sean pagados (la explosión de los gastos militares, por ejemplo, o los elefantes blancos de la cooperación internacional). Se crean necesidades artificiales (por la publicidad) también se amplían los servicios financieros en burbujas especulativas. Al contrario, poner el acento sobre el valor de uso hace del mercado un servidor del sistema de  las necesidades/capacidades humanas.

De verdad, el concepto de necesidades es relativo. Cambia con las circunstancias históricas y el desarrollo de las fuerzas productivas. Es por eso que Marx hablo de las capacidades, es decir de la posibilidad de cumplir con la satisfacción. El principio es que todos los seres humanos tienen el derecho a satisfacer sus necesidades vitales. Es lo que la Declaración Universal de los derechos Humanos afirma de manera enfática. Sin embargo, eso no se realiza en el abstracto, sino en circunstancias económicas, sociales y políticas bien determinadas. La relatividad no puede significar desigualdades injustas, los unos teniendo más necesidades que otros en función de su situación de clase, de género o de etnicidad. La satisfacción de las necesidades básicas tiene que ser definida por la comunidad a diversos niveles, dentro de un proceso democrático y por organismos competentes (parlamentos nacionales e internacionales, asambleas representativas). Es lo que se podría llamar el establecimiento de una “economía moral”, es decir sometida a imperativos éticos que contradicen la predominancia del valor de cambio en tanto que fuente de acumulación del capital y fin de la economía.

Eso no es posible sin poner en cuestión la propiedad privada de los principales medios de producción, lo que precisamente permite el ejercicio de un poder de decisión a favor de los detentores de los bienes de capital y una subordinación del trabajo al capital, real (directamente por el salario) o formal (indirectamente por otros mecanismos, como políticas monetarias, déficits y deudas  de los Estados, especulación sobre los precios de los alimentos y de la energía, privatizaciones de los servicios públicos, etc.)[7]. Es el control exclusivo del capital sobre el proceso de producción que también es al origen de la degradación del trabajo mismo y de la no valoración del trabajo de las mujeres, esencial, sin embargo, en la reproducción de la vida en todas sus dimensiones. De verdad, la estatización completa como contra-puesta al mercado total no es una solución satisfactoria, como las experiencias socialistas del pasado lo comprobaron. Existen una multitud de formas de control colectivo, desde las cooperativas hasta las asociaciones de ciudadanos.

De ahí una definición totalmente diferente de la economía. No se trata más de producir un valor agregado en beneficio de los propietarios de los bienes de producción o del capital financiero, sino de la actividad colectiva destinada a asegurar las bases de la vida física, cultural y espiritual de todos los seres humanos en el planeta. No se puede aceptar una economía mundial y nacional basada sobre la explotación del trabajo para maximizar la tasa de ganancia, ni una producción, de bienes y servicios destinados al 20 %  de la población mundial que tiene un poder de compra bastante elevado, dejando a los demás excluidos de la repartición, porque no producen un valor agregado y no disponen de ingresos suficientes. Redefinir la economía significa de esta forma, un cambio fundamental. Evidentemente privilegiar el valor de uso, lo que implica un desarrollo de las fuerzas productivas, debe realizarse de acuerdo con el primer fundamento,  el respeto a la naturaleza y también con los dos otros que abordaremos más adelante, la democracia generalizada y la interculturalidad. No excluye los intercambios, necesarios también a satisfacer nuevos valores de uso, pero a condición de no crear desequilibrios en el acceso local a valores de uso y de incluir las externalidades en el proceso.

Privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio significa también redescubrir el territorio. La globalización hizo olvidar la proximidad para favorecer los intercambios globales, ignorando las externalidades y dando la prioridad al capital financiero el más globalizado de los elementos de la economía por su carácter virtual. El territorio como espacio de actividad económica, pero también de responsabilidad política y de intercambio cultural es el lugar de otra racionalidad. En la perspectiva del capitalismo, la ley del valor impone la prioridad de la mercantilización y por eso se privilegian, por ejemplo, los cultivos de exportación sobre la producción de alimentos  para el consumo local.

Eso nos lleva a las medidas concretas, que son numerosas y de las cuales daremos solamente algunos ejemplos. Desde un punto de vista negativo, no se puede aceptar la prioridad del capital financiero y por eso se debe abolir los paraísos fiscales en todas sus modalidades, tanto como el secreto bancario, dos instrumentos poderosos de la lucha de clases. También establecer una tasa sobre los flujos financieros internacionales (tasa Tobin) podría reducir el poder del capital financiero. Las “deudas odiosas” deben ser denunciadas después de audits, como se hizo en el Ecuador. No se puede admitir la especulación sobre los alimentos y la energía. Alargar la “esperanza de vida” de los productos industrializados permitiría un gran ahorro de materias primas y de energía disminuiría la ganancia artificial del capital solamente por la rapidez de su rotación.

La economía social, como se sabe,  se construye sobre otras bases lógicas que las del capitalismo. De verdad está todavía marginal frente a la inmensa concentración del capital oligopólico, pero es posible incentivar varias de sus formas. La restauración de los bienes comunes privatizados por el neo-liberalismo es también una vía fundamental de nueva construcción social, en muchos dominios: servicios públicos como el agua, la energía, los trasportes, las comunicaciones, la salud, la educación, la cultura, todo lo que ahora entra en el “sistema de necesidades/capacidades”).

  1. Reorganizar la vida colectiva por  la generalización de la democracia en las relaciones sociales y las instituciones

Un tercer eje en la revisión de los fundamentos de la vida colectiva, en función del nuevo paradigma del Bien Común de la Humanidad está constituido por una generalización de la democracia, no solamente aplicada al sector político, sino también  al sistema económico, en las relaciones entre hombres y mujeres, y en todas las instituciones. En otras palabras, la democracia  formal, a menudo utilizada como una manera de establecer una igualdad artificial, reproduciendo de hecho desequilibrios sociales no reconocidos, debe transformarse  en la formulación política de la solidaridad. Eso implica, en particular, una revisión del concepto del Estado y una reivindicación de los derechos humanos en todas sus dimensiones, individuales y colectivas. Se trata de hacer de cada ser humano, sin distinción de raza, de sexo, de clase, un sujeto de la construcción social y así de revalorizar la subjetividad[8]

La generalización de la democracia vale también para el diálogo entre las instancias políticas y los movimientos sociales. La organización de instancias de consulta y de diálogo pertenece a la misma concepción, respetando la autonomía mutual. El proyecto de un Consejo de movimientos sociales en la arquitectura general del ALBA es una tentativa original en este sentido. El concepto de sociedad civil a menudo utilizado a este propósito no deja de ser ambiguo, porque ella es también el lugar de las luchas de clases: existen en realidad una sociedad civil de abajo y una de arriba y la utilización no calificada del término, permite muchas veces crear la confusión y presentar soluciones sociales que ignoran las diferencias de clases[9]. Por otra parte, formas de democracia participativa, como se encuentran en varios países latino-americanos entran también la misma lógica de democracia generalizada.

Otras instituciones son concernidas por el mismo principio. Nada menos democrático que el sistema económico capitalista, con  la concentración del poder de decisión en pocas manos. Lo mismo vale para los medios de comunicación social y se aplica también a todas las instituciones sociales, sindicales, culturales, deportivas, religiosas.

La destrucción de la democracia por el capitalismo, especialmente en su fase neo-liberal, ha sido tal que las sociedades, a todos los niveles, se organizan en función de las ventajas de una minoría, provocando un grado de desigualdad en el mundo, nunca visto antes en la historia humana. Restablecer un funcionamiento democrático como paradigma universal constituye entonces un pilar del Bien Común de la Humanidad.

  1. Instaurar la interculturalidad en la construcción del Bien Común universal

Dar a todos los saberes, todas las culturas, las filosofías,  las religiones, la posibilidad de contribuir al Bien Común de la Humanidad, es el objetivo de la revisión de este fundamento cultural. Eso no puede ser el papel exclusivo de la cultura occidental que en realidad está actualmente identificada con la concepción del desarrollo, eliminando o marginalizando todas las otras perspectivas. Se debe descolonizar el imaginario.[10] Eso implica tanto la lectura de la realidad, su interpretación o su anticipación como la ética necesaria a la elaboración del Bien Común de la Humanidad, la dimensión afectiva necesaria a la auto-implicación de los actores y las expresiones estéticas y prácticas.

Sin embargo, no basta la multiculturalidad. Se trata de la promoción de una interculturalidad abierta, es decir de culturas en diálogo, con posibles intercambios. Las culturas no son objetos de museo, sino elementos vivos de una sociedad.

La cultura incluye una dimensión espiritual, propia del ser humano, que lo lleva más allá de lo cotidiano. Este tema es central en un tiempo de crisis de civilización. Existe en el mundo entero una búsqueda de sentido, por la necesidad de redefinir las metas mismas de la vida. La espiritualidad es la fuerza que transciende la materia y da a esta un sentido. Las fuentes de espiritualidad son numerosas y se sitúan siempre al interior de un contexto social y ellas no pueden existir sin una base física y biológica. El ser humano es uno: su espiritualidad presupone la materia y su materialidad no tiene sentido sin el espíritu. Una visión culturalista de la espiritualidad, ignorando la materialidad del ser humano, es decir el cuerpo para el individuo y la realidad económico-política para la sociedad, es una desviación conceptual, llevando al reduccionismo (la cultura como único factor de cambio) o a la alienación (la ignorancia de las estructuras sociales).

–          El Bien Común de la Humanidad como objetivo global

De todo lo dicho anteriormente, se concluye que el Bien Común de la Humanidad es el fruto de una adecuada realización del conjunto de los cuatro ejes fundamentales  de la vida colectiva de los seres humanos en el planeta (que de hecho son cuatro relaciones sociales). Tales como son definidos por el capitalismo, garantizados por las fuerzas políticas y trasmitidos por la cultura dominante, ellos no son sostenibles y entonces no pueden asegurar el Bien Común de la Humanidad. Al contrario, sus aplicaciones contradicen la reproducción de la vida. El concepto de Bien Común de la Humanidad es una noción dinámica, porque su contenido debe ser permanentemente redifinido.

Se podría objetar que eso es una utopía. Además del hecho que los seres humanos necesitan utopías y que el capitalismo ha destruido el pensamiento utópico, anunciando el fin de la historia (no hay alternativas), se puede afirmar que la búsqueda del Bien Común de la Humanidad es bien una utopía, no en el sentido de una ilusión, sino de lo que no existe hoy, pero que puede existir mañana. Al mismo tiempo, la utopía conserva también una dimensión dinámica: siempre habrá una mañana. Todo régimen político o movimiento religioso que se identifica a la utopía, termina en catástrofe. Se trata de un llamamiento a caminar [11]. En este sentido, no se trata de “una utopía inofensiva”. Eso se comprueba por los centenares de miles de movimientos sociales, de organizaciones de ciudadanos, de grupos políticos, que cada uno en su lugar específico, luchan por mejores relaciones con la naturaleza y por su protección, por una agricultura campesina y orgánica, por una economía social, la abolición de las deudas ilícitas, la apropiación colectiva de los medios de producción, la primacía del trabajo sobre el capital,  la defensa de los derechos humanos, por una democracia participativa y por la valorización de las culturas. Los Foros sociales mundiales permiten visualizar esta realidad, lo que crea progresivamente una nueva consciencia social global.

Sin embargo, es un proceso dinámico que  necesita una visión de conjunto coherente, como base de una convergencia en la acción, con el fin de construir una fuerza capaz de revertir el sistema dominante contemporáneo tanto en sus dimensiones económicas, como sociales, culturales y políticas. Es precisamente eso lo que quiere expresar el concepto de “Bien Común de la Humanidad”: una coherencia teórica que reúne los cuatro ejes de la vida colectiva en el planeta y una visión que permite a cada uno de los movimientos y de las iniciativas sociales y políticas, ubicarse en el conjunto.

Evidentemente optar por alternativas al sistema actual y proponer un nuevo paradigma del desarrollo humano, no impide la adopción de medidas para resolver problemas inmediatos, que son productos de la lógica capitalista. Es en este sentido que Rosa Luxemburgo propuso una visión dialéctica de la relación entre reformas y revolución. Así, no se puede despreciar las políticas sociales que tratan de remediar los efectos del neo-liberalismo. Para encontrar una solución, teórica como práctica, se debe replantear la cuestión de la transición.

La transición

Como se sabe, Carlos Marx aplicó  el concepto de transición al pasaje entre el feudalismo y el capitalismo, mostrando cómo, poco a poco, las formas del primero fueron incapaces de asegurar las condiciones de la supervivencia social y de su progreso y como nuevas formas nacieron hasta transformar el conjunto del modo de producción y de la formación social. La situación hoy en día es diferente, porque si el capitalismo ha desarrollado contradicciones nuevas y si algunas formas del socialismo aparecen, el proceso debe ser planificado para acelerarlo. No tenemos el tiempo de una evolución paulatina. La transición debe organizarse, teniendo en cuenta las relaciones de poderes existentes y el estado de las fuerzas de producción, pero no solamente como un proceso, sino como una lucha.

Por eso, la cuestión fundamental es la definición de la meta: se trata de la transición hacia un nuevo paradigma para realizar el Bien Común de la Humanidad, es decir la producción, la reproducción y el mejoramiento de la vida. Eso contradice fundamentalmente la meta del capitalismo, no solamente en materia económica (la universalidad de la ley del valor), sino también en la política (el Estado al servicio del mercado) y en la cultura (el individualismo consumidor). La transición es necesariamente un proceso que toma tiempo. No solamente, el capital, como poder económico monopolístico, es capaz de incitar a la guerra (aún a la amenaza nuclear) de sacrificar millones de personas por el hambre y de corromper las instancias políticas del mundo entero para asegurar su predominio, sino que su lógica  ha penetrado la cultura, aún de las clases inferiores y de las organizaciones de trabajadores, lo que le asegura el ejercicio de una verdadera hegemonía.

Para continuar la reflexión sobre la transición, es importante analizar los procesos en curso. De hecho, las medidas que hoy se llaman “transición” son  consideradas de dos maneras diferentes: o como  pasos hacia un nuevo paradigma o como una adaptación del sistema existente a nuevas exigencias ecológicas y sociales. No es el vocabulario utilizado que hace la  diferencia entre  las dos tendencias, sino las políticas reales. En los dos casos se pueden utilizar los conceptos de  transición al socialismo, de Socialismo del Siglo XXI, del “Buen Vivir”, aún de revolución, pero con contenidos diferentes en el plan político.

Lo que se vive en América Latina, con los regímenes progresistas, plantea claramente el problema, con diferencias según los casos. Hay los países que optaron por una solución netamente social demócrata, donde el capitalismo es la herramienta del crecimiento económico, incluyendo el capitalismo financiero nacional e internacional y donde la justicia social se traduce por programas de redistribución social, a menudo importantes y eficaces, de una parte de la plusvalía, (Brasil, Argentina, Nicaragua).

Otros, con un discurso más radical, tienen también programas sociales importantes, hasta consagrarles el 15 o el 17 % del presupuesto nacional; aumentan la recaudación fiscal, pero no buscan un nuevo paradigma de desarrollo. Persiguen, por convicción o por fuerza, un modelo  extractivo de creación de riqueza, una dependencia tecnológica y financiera de las empresas multinacionales, favorecen el monocultivo, especialmente para producir agro-combustibles, siguen políticas ventajosas para grupos sociales que poseen la banca y ciertos negocios  internos y externos. El pragmatismo orienta muchas decisiones. Tal vez, como lo decía Alvaro Garcia Linera, el vice-presidente de Bolivia, porque el capitalismo tiene todavía por lo menos 100 años de vida.

De hecho, se aproximan a una adaptación post neo-liberal del capitalismo frente a nuevas demandas, por medio de un Estado reconstruido  y con varios grados de participación popular (Ecuador, Bolivia, y en parte Venezuela). Comparado con el pasado o con países netamente pro-capitalistas (México, Chile, Colombia) es evidentemente un progreso altamente apreciable y frente a las opciones de las derechas y a las amenazas del imperio, no se puede equivocar de posición política.

Los logros obtenidos, en parte gracias a la coyuntura económica internacional (los precios de los recursos naturales, situación que sin embargo consolida el lugar del continente en la división internacional del trabajo) y en parte por políticas sociales y culturales audaces, no se pueden negar. Hacer salir de la pobreza millones de personas es un resultado positivo, porque los hambrientos no sufren ni mueren a medio o largo plazo, sino hoy mismo. Sin embargo, eso no significa necesariamente la adopción de un nuevo paradigma. Tales políticas pueden inscribirse dentro de la lógica del capitalismo, como acciones anti-cíclicas de tipo neo-keynesiano. Una tal realidad fue reconocida por los dirigentes ecuatorianos al final del primer quinquenio de la “Revolución ciudadana”: “No se ha logrado cambios profundos en el modelo de acumulación y la estructura de la propiedad”[12]

Otra perspectiva es vincular las políticas sociales con transformaciones estructurales post-capitalistas efectivas: reformas agrarias, respecto de la naturaleza, participación popular y democracia participativa; recuperación de la soberanía sobre los recursos naturales, apoyo a la agricultura familiar, control popular de los principales medios de producción, soberanía alimentaria, reconocimiento efectivo de las culturas e identidades indígenas, regionalización de las economías, etc. En este caso, la transición revestiría otro sentido.

Es evidente que no se puede pedir a Venezuela cerrar inmediatamente sus pozos de petróleo, aún si se sabe que esta actividad contribuye a producir más gases invernaderos; ni a Indonesia de destruir mañana todas las plantaciones de palma; ni a Bolivia cerrar todas sus minas; ni al Ecuador pensar que desarrollar una actividad minera podría subvenir a la pronta diminución de la producción petrolera, como fuente de recursos para las políticas sociales.

Pero lo que se debe exigir es la definición de una transición, incluyendo una economía basada sobre el valor de uso y no sobre el valor de cambio, medidas radicales de protección de la naturaleza, hasta prohibir actividades extractivas en ciertas regiones (la filosofía de base del Yasuní va en esta dirección), el respeto de los derechos de las comunidades locales, notablemente indígenas  y un diálogo constructivo con ellas. El complemento de tales políticas sería la aceleración de la regionalización continental para constituir alianzas más sólidas frente a multinacionales, hoy en día vinculadas en un sistema siempre más integrado y  que se burlan de las leyes nacionales, que nunca cumplen con los compromisos e imponen sus lógicas a gobiernos incapaces de reaccionar de manera adecuada.

La experiencia de Filipinas en los 10 últimos años es concluyente: a pesar de una ley de minería, la destrucción ecológica ha sido espantosa; comunidades enteras fueron expulsadas de sus territorios, el número de empleos prometidos no fue respetado y en los primeros 8 años, el Estado recuperó solamente el 11 % de las regalías que tenía que recibir durante la década[13].

Varios de estos elementos están presentes en las nuevas constituciones latino-americanas y en algunas políticas reales, que según Samir Amin, pueden considerarse como “avances revolucionarias”, pero hasta ahora no se nota un verdadero cambio de paradigma. Pero, de una cierta manera, uno puede preguntarse si para los países progresistas del continente, el primero en el mundo donde hubo nuevas orientaciones anti neo-liberales, existía subjetivamente y objetivamente otra perspectiva.

De hecho, la definición del desarrollo no ha cambiado mucho y se resume en el crecimiento de las fuerzas productivas, de la producción y del consumo, con las medidas tradicionales. Muchos de los actores políticos no han salido de la cultura del desarrollo capitalista, aun cuando quieran luchar contra sus efectos más negativos y aunque integren perspectivas sociales y culturales de gran tamaño. En realidad, comparten la idea que no se puede desarrollar las fuerzas productivas sin pasar por la lógica del mercado capitalista. Es lo que piensan también los líderes de los partidos comunistas chinos y vietnamitas, con una teoría muy particular de la transición hacia el socialismo.  En varias partes del mundo, de Indonesia a Sri Lanka, de Angola al Mozambique, las experiencias de orientación socialista se terminaron por la adopción del neo-liberalismo, probablemente en una gran medida, bajo la fuerza internacional del sistema. Los países socialistas de Europa perdieron la “guerra fría” y adoptaron la peor forma de desarrollo del modelo capitalista: rápido pero desigual.

A primera vista, la experiencia cubana parece también dar razón a los que dudan del socialismo, ya que un sistema rígido de tipo soviético adoptado o impuesto desde fines de los años 60, no permitió un pleno desarrollo socialista de las bases materiales de la vida. Se realizaron logros sociales y culturales realmente revolucionarios y bastante sólidos para resistir al tiempo, pero no sustentables a largo plazo sin un desarrollo paralelo de las fuerzas de producción con participación de los trabajadores, como lo había pensado el Che[14]. Corregir esta situación, como lo indican las medidas de cambio adoptadas en 2011, no es facil: se trata no solamente del orden económico, sino también de los órdenes político y cultural. Sin embargo, las dificultades parciales de una experiencia, no son evidentemente un argumento suficiente para seguir adoptando un modelo siempre más destructor del planeta y de la vida de una gran parte de la humanidad, como lo hacen las derechas. La originalidad de la situación cubana es que los cambios vienen del interior.

Comprobar que existe la posibilidad de realizar otra forma de desarrollo humano es evidentemente la tarea principal de un proyecto socialista. El nuevo paradigma de la vida colectiva de la humanidad en el planeta, concretizado en las orientaciones de sus elementos fundamentales, parece la vía adecuada. No se trata de una ilusión porque existen múltiples ensayos parciales exitosos y muchas luchas para ampliarlos. En varios movimientos sociales, como dentro de gobiernos latino-americanos progresistas,  hay personas y grupos que luchan para que este nuevo paradigma sea la meta.

La cultura del crecimiento económico y la ausencia de una perspectiva socialista de desarrollo de las fuerzas productivas suficientemente clara, eran los dos primeros obstáculos a una transición de los países progresistas de América latina, hacia un nuevo paradigma. Pero hay un tercer elemento: la relación de fuerza entre estos países y el capitalismo de monopolio siempre más concentrado en las empresas multinacionales. Estas últimas tienen una superioridad técnica y un poder financiero considerables. Disponen de instrumentos jurídicos tales que son capaces de imponerse sin consideración a las leyes locales. El apoyo que reciben de sus centros políticos respectivos , especialmente los Estados Unidos y la Unión Europea y la lógica dominante de las organizaciones internacionales, como la OMC, el Banco Mundial, el FMI, pone a estos Estados, particularmente los pequeños, en una situación de inferioridad. Solamente un proceso de integración regional permitirá la constitución de un contrapeso real.

Sin embargo, en América Latina, hay una iniciativa que sale de la lógica del capital, el ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América). Sus principios: complementariedad, solidaridad y no competitividad, se aplican a relaciones económicas  sociales concretas. Aún si la realización queda limitada a menos de 10 países, ella  es de primera importancia, porque se inscribe en la lógica del nuevo paradigma. El papel potencial de los Movimientos sociales, reconocidos como parte integral del proceso, puede ayudar a proseguir en la orientación fundamental. Es a una escala regional que los progresos hacia el nuevo paradigma tienen las mejores posibilidades de realización y el ALBA tiene esta potencialidad.

Las otras iniciativas de integración del sub-continente, promovidas por los regímenes progresistas,  aún si no comparten la filosofía del ALBA, realizan un paso notable hacia la “desconexión”, según el concepto se Samir Amin. Que sea el Mercosur, el sucre como moneda de intercambios, UNASUR, como órgano de coordinación de América del Sur y recientemente la CELAC reuniendo también América central y el Caribe, sin los Estados Unidos y el Canadá, todos estos esfuerzos manifiestan el deseo de desvincularse de la influencia económica y política el norte. No es una salida de la lógica del mercado capitalista, pero es un paso importante hacia una ruptura de la concentración monopolística y en este sentido se trata de una etapa que puede significar una transición hacia un nuevo modelo.

Ideas similares existen en Asia (Grupo de Shanghai, Iniciativa de Chieng Mai) y en Africa, indicando una dinámica nueva. Sin embargo solamente serán un paso fundamental si desembocan sobre un nuevo paradigma, que no se realizará sin una conciencia nueva, felizmente acentuada por la crisis, luchas sociales organizadas y sustentadas, e iniciativas políticas audaces. Son las condiciones de la supervivencia de la madre tierra y de la humanidad.

Es en función de estas realidades y perspectivas de futuro, que se propone la preparación de una Declaración Universal del Bien Común de la Humanidad paralela a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, retomando los principios de un nuevo paradigma capaz de orientar la era post-capitalista. Serviría de memoria colectiva para un cambio de paradigma, no de falso consenso entre contrarios, sino de instrumento de lucha y de fuente de esperanza para el futuro.



[1] The Stiglitz Report, The New Press, New York, Londres, 2010.

                   [2] Bolivar Echeverria, Las Ilusiones de la Modernidad, Editorial Tramasocial, Quito, 2001.

[3] Samir Amin, Audacia, más Audacia, sitio FMA, 2011.

                   [4] Etat des Résistances dans le Sud : Amérique latine, Alternatives Sud, Vol. XVIII,(2011), N°4.

[5] Jean Ziegler, Destruction massive – Géopolitique de la Faim, Le Seuil, Paris, 2011.

  [6] I. Meszaros, El Desafio y la Carga del Tiempo histórico – El Socialismo del Siglo XXI, CLACSO,                Buenos Aires y Caracas, Vadell, 2008, 48.

[7] Se estima que el 70 % del trabajo en el mundo es informal, lo que dificulta la organización de los trabajadores. Sin embargo, varios ensayos existen hoy día, como en Nicaragua, la Confederación de los Trabajadores por Cuenta propia (CTCP-FNT), afiliada a la Federación Nacional de los trabajadores de Nicaragua (FNT) y a Streetnet Internacional (Orlando Nuñez, 2011).

[8] Hinkelammert F., El Sujeto y la ley. El Retorno del Sujeto, Caracas, Ministerio de Cultura, 2005.

[9] En un barrio pobre de Bogotá, había hace algunos años una inscripción sobre una pared “Nosotros también tenemos Derechos Humanos”.

[10] Ver Raúl Fornet, La Philosophie interculturelle, Paris, L’Harmattan, 2011.

[11] Eduardo Galeano escribe a su propósito : «Me acerco de dos pasos , ella se aparta de dos pasos. Avanzo de 10 pasos y el horizonte se escapa de 10 pasos más lejos. Yo podía siempre avanzar y nunca la alcanzare. De que sirve la utopía ¿ precisamente a eso, a caminar” (Maurice Lemoine, Le Monde Diplomatique, Diciembre 2010).

                   [12] Presentación del informe sobre el quinquenio, por Fander Falconi, Quito, 19.01.12

[13] A Legacy of Disasters – The mining Situation in the Philippines, Alyansa Tigil Mina, 2011.

[14] Carlos Tablada, El Marxismo del Che y el Socialismo del Siglo XXI, Ruth Casa Editorial, Panama, 2007.

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